No más tierra de conquista

por: Gerardo Moreno

Después de manejar por varias horas, Rodolfo detuvo la marcha de su auto frente a la tienda que se encontraba camino a la casa de sus padres mientras aún le rondaban por la cabeza las últimas palabras escuchadas en la “Mañanera”.

Al entrar saludó a Chucho, el eterno tendero, quien al reconocerlo le respondió con profunda familiaridad y bromeó sobre cuanto hacía ya que no visitaba el pueblo natal. Por un instante el recuerdo de las madrugadoras señoras bebiendo una “coquita” bien fría o una cervecita de cuartito esperando turno para ser despachadas ya que regresaban del molino, el olor de la humeante masa recién molida dentro las cubetas que sobre el mostrador esperaban a sus dueñas y el sonido de vetustas voces conversando tomaron su mente por asalto.

Evocó también que unos días antes, por redes sociales se había enterado de que varios consorcios multinacionales, entre ellos el de la “coquita”, se habían acercado a la hacienda pública para ponerse al corriente con el pago de impuestos además que la presidencia buscaba recuperar legalmente la soberanía energética del país.

Rodolfo comprendía que en los países tercermundistas como, casi, regla general las empresas extranjeras suelen aprovechar la corrupción de la clase gobernante y su debilidad por hacer negocios en beneficio propio sin que les preocupe  la desigualdad, impunidad y un bajo grado de civilidad que genera en la sociedad.

Y como en un lejano ayer de camino a la primaria pidió una de las deliciosas “jaletinas” preparadas por Anita, la esposa de Chucho, y salió de la tienda, para después lanzar un hondo suspiro y pensar esperanzado: “México ya no es más una tierra de conquista”.


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