Del Toro, entre lágrimas y reclamos; Diego Luna, entre el revuelo del FICM
Contraluz
A Guillermo del Toro se le cortó la voz. Bajó la cabeza y se limpió las lágrimas frente a los periodistas reunidos en el Teatro Melchor Ocampo. Había llegado a Morelia para celebrar los veinte años de El laberinto del fauno, pero al hablar del mundo que recibirán los jóvenes terminó por quebrarse.
Lo acompañaban la productora Bertha Navarro, el cinefotógrafo Guillermo Navarro y la actriz Ivana Baquero. Durante la conferencia, el director expresó su preocupación por la violencia, el avance del odio y las divisiones que se alimentan desde las redes sociales. El aniversario de la película dio pie a una conversación sobre el presente y la responsabilidad de quienes dejan ese panorama a las siguientes generaciones.
Más temprano, durante su clase magistral en el Teatro Morelos, una estudiante de Guadalajara había tomado el micrófono para denunciar las condiciones del agua que llega a sus hogares. La joven habló de problemas de salud y reclamó respuestas de las autoridades.



Del Toro la escuchó y respaldó su intervención. Ante la idea de que una protesta pudiera resultar incómoda en un encuentro dedicado al cine, defendió que esos espacios también deben abrirse a las demandas sociales.
“Si no es aquí, ¿dónde?”, preguntó.
El reclamo reapareció durante la conferencia de prensa. El realizador cuestionó que algo tan básico como el suministro de agua tuviera que pelearse en las calles. Su paso por el festival incluyó también la entrega de la Medalla Filmoteca UNAM, en reconocimiento a su trayectoria y sus aportaciones al cine.
Conseguir un lugar para verlo había provocado otra discusión. Hubo espectadores que pasaron la madrugada formados para la función de El laberinto del fauno y se quedaron sin boleto. Las quejas llegaron al director, quien contactó a la organización para buscar una solución.
El FICM terminó por abrir una proyección adicional a las 22:30 horas, con venta únicamente en taquilla y sin la presencia de Del Toro. A veinte años de su estreno, la cinta seguía convocando a un público dispuesto a desvelarse por una entrada.





Por la noche, la atención se trasladó a Diego Luna. El revuelo alrededor de su llegada añadió caos a un domingo de actividades en distintas sedes del Centro Histórico. Su cita era en Cinépolis Centro, donde presentó Ceniza en la Boca, película que dirige y protagoniza basada en la novela de Brenda Navarro.
El festival reunió así la emoción por acercarse a un actor, la frustración de quedarse sin entradas y una protesta que encontró quién la escuchara. Del Toro había venido a compartir una película. Durante su visita también dejó hablar a una joven sobre el agua de su ciudad y, al intentar explicar su propia preocupación por el futuro, tuvo que detenerse para secarse las lágrimas.








