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OPOSICIÓN

Por: Gerardo Moreno

Aún era un niño cuando mi tío Felipe se fue a Estados Unidos. Por necesidad, como una gran mayoría de michoacanos, me dijo. Iba amaneciendo cuando lo encontré subiendo la desierta calle del costurero, esa que da a la carretera y donde vivía doña Raquel, la que anunciaba por bocina. Como equipaje solo un pequeño morral de tela cargado en la espalda y sostenido el tirante por su mano izquierda. Revolvió mi cabello unos instantes con su mano derecha. Con ojos llorosos y voz quebrada dijo antes de seguir su camino:

– Mijo, hasta que en México haya una revolución esto va a cambiar, porque el gobierno son unas ratas. ¡Solo así el pobre podrá vivir mejor!

De entonces a la fecha han pasado poco más treinta años y para fortuna nuestra no hubo necesidad de una revolución para que sucediera el cambio. Hay inconformes, si, pero en su mayoría son los que vivían a la sombra del poder. Se notan enojados, iracundos, rencorosos. Dicen que son la oposición pero yo a esa la recuerdo discursando sobre libertades para el pueblo y siempre derrotada, la de ahora no. Sus líderes suenan estridentes y con el rostro como de que no terminan de pasar el trago amargo, se les palpa el resentimiento porque ya no es uno de los suyos quien ahora ostenta el encargo, que no el cargo.

Les ha dado por llamarse BOA, Frenaa, Aliancistas, Si por México y hasta un intento de partido han hecho, pero señores ¡son los mismos! Extrañan calcetines rojos y añoran los excesos del poder para vivir como señores feudales. Uso de leyes a conveniencia, desvío de recursos que terminaban en sus cuentas y programas sociales clientelares para mantener el poder o heredarlo a familiares y lacayos les restan toda credibilidad. No comprenden que su voz no tiene eco porque son emisarios de un mensaje anacrónico en el que solo ellos llevan ganancia, que son el estertor de un sistema que muere lento.

Ahora los que me sorprenden son quienes les acompañan y es que comprendo ricos defendiendo ricos, pobres defendiendo pobres y, por supuesto, ricos defendiendo pobres pero no ¡pobres defendiendo ricos! Me recuerdan lo dicho por William Cooke: “Los pobres de derecha son como los perros. Cuidan la mansión pero duermen fuera”.

Esta mañana he vuelto a ver a mi tío. Mano en alto y saludando con voz fuerte a los antiguos moradores de la calle por la que le vi partir, la bajaba sonriente y venía para quedarse. Esta vez la emoción no cerró mi garganta y alcance a decirle que las cosas mejoran para el pobre segundos antes de que el destemplado canto del gallo de la vecina me despertara.

 

 


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