#Deportes #Especiales #Principales

La noche mágica del “¿Y si sí?”

Contraluz/Ivan Villanueva

Guadalajara, Jalisco.— La primera vez que apareció fue escrita con plumón negro sobre la frente de dos aficionadas, caminaban despistadas.

”¿Y si sí?”

No hacía falta preguntar a qué se referían.

Desde varias horas antes del partido entre México y Ecuador, miles de personas comenzaron a reunirse en La Minerva. Las camisetas verdes fueron ocupando la glorieta poco a poco. Familias enteras, grupos de amigos y aficionados que nunca se habían visto terminaron compartiendo el mismo espacio mientras esperaban el silbatazo inicial.

Los vendedores iban y venían entre la multitud ofreciendo banderas, sombreros y espuma. Los teléfonos aparecían para las primeras fotografías, las conversaciones giraban alrededor de las alineaciones y, conforme caía la tarde, caminar por la glorieta se volvió cada vez más difícil.

Cuando sonó el himno nacional ya casi no quedaba espacio libre.

Los balcones de los edificios que rodean La Minerva también comenzaron a llenarse de espectadores. Abajo, miles siguieron el partido en silencio. Cada aproximación de México levantaba un murmullo que recorría la glorieta completa. Cada pausa volvía a reunir todas las miradas sobre la pantalla, de pronto una falla técnica dejó a todos con el suspenso.

Llegó el primer gol.

Por unos segundos desaparecieron los teléfonos.

Nadie estaba grabando.

Todos estaban abrazando a alguien, la cerveza y la espuma volaban.

El segundo gol terminó por desatar la celebración. La espuma cubrió el aire, las banderas comenzaron a ondear sobre cientos de cabezas y los abrazos se multiplicaron entre personas que apenas unos minutos antes eran completas desconocidas.

La pregunta escrita con plumón comenzaba a responderse sola.

México venció a Ecuador y consiguió el pase a la siguiente ronda del Mundial. El silbatazo final apenas alcanzó a escucharse entre los gritos. La celebración se extendió por toda la glorieta entre cánticos, banderas al viento y una multitud que volvió a apropiarse de La Minerva para festejar una noche que parecía resistirse a terminar.

Con el paso de los minutos, la gente no dejaba de llegar a la Minerva, nadie se quería perder el festejo. Algunos siguieron caminando rumbo a avenida Vallarta; otros permanecieron unos minutos más, como si no tuvieran prisa por abandonar el lugar donde habían visto a México avanzar.

Entre la multitud todavía aparecía, de vez en cuando, aquella frase escrita con plumón sobre una frente.

”¿Y si sí?”