El payaso y el patiño por: Gerardo Moreno

por: Gerardo Moreno

Hace poco más de un par de años que el periodista salió de la pantalla de las estrellas, algunos acusaron al nuevo régimen del despido y otros tantos lo vieron como la consecuencia del bajo rating por la credibilidad perdida dada la manipulación mediática de la que por tantos años hizo gala. Los sistemas anteriores lo ocuparon como vocero y dado que su noticiero comenzaba antes de las seis de la mañana, se prestaba para marcar el guión de lo que durante el resto del día era la charla nacional.

Como parte, al parecer de una estrategia de la oposición, esta le adquirió una plataforma en el ciberespacio y lo promocionaron como un medio para mostrar noticias a nosotros los latinos. El coraje contenido en cada una de las emisiones es constante y lo demuestra en colaboración con el payaso de peluca verde. Hacen comedia en la que se aprecia poca objetividad y más golpeteo político. Han pasado dos años y los tiempos y las formas han cambiado y los primeros en notarlo fueron los antiguos patrones del periodista.

En sus historias señala y desprestigia, el coraje le hace perder la noción de ética y lo enfatiza el montaje que arrastra desde hace años y del que se dice ignorante, con todo y que sus ex compañeros indican que él sabía que no era un operativo real, que ante las cámaras los presuntos “delincuentes” fueron golpeados y vejados, a pesar de que incluso supo que se repitió el inicio del “operativo” por un delay del medio de transmisión y todo con tal de quedar bien con el  ex secretario que ahora es juzgado en el país vecino. De forma increíble él se encuentra libre gracias a la libertad de expresión mientras que varias de las víctimas de su montaje aún permanecen en la cárcel sin sentencia alguna. Tan solo por ese hecho el periodista debería ser investigado.

Exige transparencia pero no demuestra como es financiado el medio desde el que ahora transmite, aunque algunas investigaciones señalan como patrocinador a quien fuera un cercano del gobernador que chifla. En los sketches tanto él como el de peluca verde muestran muecas como sonrisas y sonoras carcajadas forzadas pero sus líneas no permiten distinguir el rol que juegan a pesar del disfraz de uno ellos. La duda se disipó una mañanera en la que su gremio presente se burlo de él por su “objetividad” y “profesionalismo”, en ese momento quedo develado por fin quien era el payaso y quien el patiño.


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