Cocinas del terror: grupos criminales disolvían a sus víctimas en químicos o combustibles

Grupos de búsqueda descubrieron en Veracruz un método de desaparición que hace imposible la identificación de una persona.

Tras laborar diez días, la V Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas descubrió más de una decena de cocinas: sitios habilitados por los criminales para destazar a sus víctimas y meterlas en tambos metálicos de 200 litros de capacidad. Ahí las disolvían en químicos o combustibles.

Los brigadistas se han vuelto expertos en detectar la tierra que luce diferente, pues es un indicio para cavar. Saben que hallar ropa en el cerro no es normal, pero a ellos les da la esperanza de desenterrar algún resto óseo de sus seres queridos.

Las cocinas son una práctica que fue revelada a las autoridades desde 2011 por parte de un expolicía municipal de Poza Rica que se pasó a las filas de Los Zetas.

Las cocinas donde se esfuman cuerpos

La V Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas expuso una situación que permaneció oculta administrativamente, a pesar de que autoridades tuvieron conocimiento desde hace 9 años.

En el norte de Veracruz durante los últimos días esta práctica es casi ritual: cavar, ahí donde la tierra luce diferente a los ojos de los familiares, convertidos a capricho de destino en expertos forenses; espulgar la tierra y hallar calzones, camisas, trozos de bóxers, pantalones raídos. Y, a pesar de todo, es lo más que se ha podido encontrar en esta brigada que ha recorrido puntos en Papantla, Coyutla, Poza Rica o Tihuatlán porque lo que han descubierto los buscadores es una situación que reduce sus esperanzas a cenizas o menos que eso, literalmente: la presencia de más de una decena de cocinas.

Después de diez días de búsqueda son pocos los restos óseos que la Brigada ha localizado: fragmentos de cráneo, vértebra, costilla y piezas dentales el primer día, en la zona serrana entre Veracruz y Puebla, dentro de Coyutla; un hueso de brazo en un terreno enmontado y cerca del Río Cazones, en la colonia La Rueda, en Poza Rica; y nuevos fragmentos óseos carbonizados en el rancho de La Gallera, en Tihuatlán, aquel sitio al que ya se había entrado cuatro veces, pero se sigue desenterrando huesos.

Información de Excelsior

 


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