ACEITE Y AGUA por: Gerardo Moreno

por: Gerardo Moreno

La nueva mezcla causó extrañeza pero no sorpresa, a decir verdad, hasta se veía venir. Propios y extraños comienzan a observar que no existe otra forma de retomar el poder y dado que sus estructuras son viejas y podridas también ya lo hacen por supervivencia. Al fin y al cabo demuestran que lo único que tienen en común es la ambición de poder. Las formas no importan, traicionan sus propios principios e ideales, es más si vivieran sus fundadores seguro se volverían a morir del puritito coraje.

La fórmula es sencilla, en cada Estado el más fuerte impone sus condiciones para cada puesto y colocan a su delfín y que los demás lo apoyen para ganar a como de lugar. Al final las mismas cartas viejas de siempre o sus familiares, como si no hubiera más pero cuesta hacer el relevo generacional y no entienden que no entienden. Fueron creadores con sus excesos de lo que ahora tratan de vencer y no tienen el más mínimo propósito de servir sino de volver a servirse de la sociedad a la que asquearon con sus formas. Reuniones de líderes a marchas forzadas, carta abierta para las alianzas desde las cúpulas nacionales, candidatos con los que calculan el mayor arrastre de las mayorías pero sin comprender que en el fondo no se deben…no se pueden mezclar.

Pero como hienas ante la presa, cada uno busca sacar el mayor trozo de una sola tarascada. Es cuestión de tiempo para que como en el experimento sus moléculas terminen separándose y se vuelva a generar la emulsión.

Sin ser profeta se adivina lo que viene. Se acercaran los lemas más pegajosos, dirán que la administración federal destruye a México, cuando en realidad fueron ellos los que lo hicieron antes, que son la solución, que acabaran con la pobreza y que aumentaran el empleo. Al final solo son el viejo y conocido prianrd…aunque ellos se dirán oposición.


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