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Guadalajara se pintó de verde: la afición mexicana desató la fiesta tras el triunfo ante Corea del Sur

Contraluz

GUADALAJARA, Jal.— El silbatazo final apenas había sonado y la celebración ya se extendía mucho más allá de las gradas del Estadio Guadalajara. Miles de aficionados mexicanos convirtieron las inmediaciones del inmueble en una fiesta improvisada después de la victoria de la Selección Mexicana sobre Corea del Sur.

Las primeras explosiones de alegría surgieron dentro del estadio. Los abrazos entre desconocidos, los celulares levantados para registrar el momento y el tradicional grito de “¡México, México!” marcaron el inicio de una celebración que rápidamente se trasladó a las calles.

Afuera, la marea verde comenzó a tomar forma. Familias enteras, grupos de amigos y aficionados llegados desde distintos puntos del país caminaron entre cánticos, banderas ondeando al viento y bocinazos que resonaban en los alrededores del recinto. Algunos se detuvieron para tomarse fotografías junto a seguidores surcoreanos, quienes respondieron con sonrisas y gestos amistosos pese al resultado.

Los mariachis volvieron a convertirse en parte del paisaje de una ciudad que ha hecho de esa música uno de sus símbolos más reconocibles. Entre trompetas y guitarrones, los aficionados improvisaron coros mientras repasaban las jugadas del encuentro y celebraban el gol que dio el triunfo al conjunto mexicano.

La fiesta también se vivió lejos del estadio. Miles de personas siguieron el partido desde el Fan Fest y distintos puntos de reunión instalados en la ciudad. Durante el medio tiempo, incluso sonó el “Gangnam Style” y cientos de asistentes replicaron la coreografía en una escena que mezcló el ambiente mundialista con el intercambio cultural que ha acompañado la visita de los aficionados surcoreanos.

Cuando llegó el gol mexicano, la reacción fue inmediata. Gritos, abrazos y cerveza lanzada al aire acompañaron la celebración tanto dentro como fuera del estadio. Al finalizar el encuentro, las voces de miles de aficionados se unieron para cantar “El Rey”, mientras el flujo de personas avanzaba lentamente hacia las salidas del inmueble.

Ya entrada la noche, los festejos se trasladaron a distintos puntos de Guadalajara. En La Minerva, uno de los sitios tradicionales para las celebraciones deportivas de la ciudad, comenzaron a concentrarse miles de personas. Entre porras, banderas y canciones populares, algunos improvisaron incluso un baile masivo de “Payaso de Rodeo” mientras continuaban llegando aficionados procedentes del estadio y de las zonas de transmisión pública.

Poco a poco, los cánticos comenzaron a mezclarse con el ruido del tráfico y los claxonazos. Las calles fueron vaciándose, aunque todavía quedaban grupos que seguían cantando, tomándose fotografías o comentando las jugadas del partido. La noche terminaba, pero la celebración seguía dispersa por distintos rincones de Guadalajara.